EL MUPAM MÁLAGA ABRE SU SALA DE EXPOSICIONES A UNA COLECTIVA SOBRE EL MOVIMIENTO FOTOGRÁFICO DEL PICTORALISMO

La sala de exposición del Museo del Patrimonio Municipal acoge desde hoy De lo pictórico. Discursos fotográficos en torno a la Historia del Arte. Es una exposición fotográfica colectiva sobre el movimiento fotográfico del pictorialismo. Las obras que se muestran han sido realizadas por el alumnado de 2º de Fotografía de la Escuela de Arte San Telmo de Málaga. En ella se puede ver una serie de representaciones de obras pictóricas y escultóricas que van desde finales del siglo XV hasta el XX, imprimiendo su propia dialéctica hasta plasmar la obra de arte seleccionada en un medio tan diferente como el propio de origen. Esta exposición ha sido presentada e inaugurada hoy por la concejala de Cultura, Noelia Losada; el director de la Escuela de San Telmo, Juan Francisco Macías; y la comisaria y profesora del centro, Noelia García Bandera.

De lo pictórico. Discursos fotográficos en torno a la Historia del Arte está organizado por el Área de Cultura y puede visitarse de martes a domingo de 10.00 a 20.00 horas hasta el 9 de octubre.

“Esta exposición, que recoge la obra de 17 estudiantes de fotografía, es una muestra más de la apuesta por los creadoras locales que se hace desde el Área de Cultura. Este espacio lleno de la historia artística municipal, tiene durante un mes su sala más accesible dedicada al futuro artístico de la ciudad, convirtiendo ese futuro en presente”, ha señalado la concejala de Cultura, Noelia Losada.

Con la atenta dirección y supervisión de la profesora y comisaria, Noelia García Bandera, cada uno de los estudiantes: Mabela Corpas, Claudia García, Cristina Gil, Paula Guardián, Ángela Guerrero, Aída Herrera, Raquel Jiménez, Carlos Jurado, Marichu López, Manuel M. Criado, Mayela Marín, Nicolás Martín, Camila Monsalve, Patricia Moreno, Sara Onieva, Belinda Rodríguez y Alejandro Wirthwein ha elegido y desarrollado  una obra artística de diferentes épocas para hacer su particular versión fotográfica.

EL PICTORALISMO

Noelia García Bandera señala que “el pictorialismo es un movimiento fotográfico de intensas pretensiones artísticas con enorme éxito a finales del siglo XIX en Europa, Japón y Estados Unidos. Estos artistas/fotógrafos querían separase de la idea de la toma fotográfica como un mero acto de mecánico y convertirlo en un distanciamiento de la realidad, trabajando un lenguaje romántico y artístico.

Hace ya más de una década que las pinceladas pictóricas se tradujeron en píxeles fotográficos en la Escuela de Arte San Telmo. La capacitación y artisticidad, tanto a nivel teórico como práctico, adquirida durante los cursos académicos, otorgan al alumnado un saber hacer interpretativo, que reflejan a través de la mirada fotográfica un pasado cultural en gran medida pictórico. Y siempre trabajando con un referente, una base o idea preconcebida que rescatamos de nuestro ideario cultural expuesto en clase. Y aunque el pictorialismo como corriente cultural tuvo fecha de caducidad -en las primeras décadas del siglo XX-, siempre estuvo presente como movimiento artístico hasta llegar a la actualidad”.

Por su parte, el director de la Escuela de San Telmo, Juan Francisco Macías, apunta: “la fotografía se ha desarrollado en paralelo al resto de movimientos artísticos, creándose préstamos mutuos con otras disciplinas, pero sobre todo con la pintura”. “La elección por parte de nuestro alumnado de una obra maestra de la pintura los lleva a realizar una recreación viva de la escena, y utilizando en la producción medios fotográficos y lumínicos ponen en práctica los mismos conceptos narrativos que utilizó el pintor, creándose de nuevo un work in progress, una vuelta al origen en el que la fotografía nos remite de nuevo a la obra original. El resultado de todo esto es De lo pictórico. Discursos fotográficos en torno a la Historia del Arte, una colección de obras fotográficas que refieren a la propia pintura como elemento creativo, y que presentamos aquí como una consolidación en la preparación del artista.“

LAS OBRAS Y LOS ARTISTAS

Texto de Noelia García Bandera en el catálogo

Mabela Corpas se ha decantado por una obra de Alphonse Mucha (1860- 1939), uno de los máximos exponentes del Art Nouveau, cuya iconografía trabajaba en gran medida en torno a mujeres jóvenes y hermosas envueltas en atuendos con carácter clásico y rodeadas de estéticas flores. Pero lo que a Corpas le ha interesado es la faceta más personal del artista en la que dirige su mirada al ámbito familiar. Por ello retrata a su hija Jaroslava (1930), pero de una manera intensa gracias a esa mirada que se enfrenta con el espectador. De esta forma, otorga a su hija juicio y madurez en unos ojos penetrantes y seguros. Mabela Corpas ha conseguido la intención de Mucha gracias a la reproducción fidedigna del cuadro con la finalidad de actualizar su modelo sobre lo pictórico.

Por su parte, Claudia García se sintió atraída por una obra escultórica en vez de pictórica. En su caso, abraza el aspecto marmóreo de su Virgen velada (1847) de Raffaelle Monti (1818–1881) inspirándose en la técnica clásica de los paños mojados. La calidad del mármol permite a los artistas tallar los velos y esculpir bustos femeninos que además, resalta su maestría y técnica a la hora de trabajar el material. La tridimensionalidad de la escultura se ve traducida por la puesta en escena de la fotografía, en la que García ha sabido interpretar cada uno de los pliegues que caen sobre el rostro, de manera que otorgan el volumen de la pieza fotográfica.

Cristina Gil ha investigado sobre los autores del siglo XIX y ha adaptado sus intereses al trabajo de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882). Especialmente Gil ha reproducido la obra Venus Verticordia (1868), en la que se puede contemplar el imaginario femenino de Rossetti, que coincide con otros autores prerrafaelitas: jóvenes esbeltas, de tez pálida, cabellos sueltos, labios sensuales y expresiones melancólicas. Cristina Gil ha trabajado no solo la dirección de modelo, sino también la puesta en escena para simular la sensualidad femenina que tan bien expresaba el artista a través de sus cuadros.

En cambio, Paula Guardián subvierte la interpretación que el propio Caravaggio (1571-1610) hace de su pintura Narciso (1597-1599), en la que se ve una joven modelo que se autocontempla en la más estricta intimidad. El lienzo original representa un tema mitológico extraído de las Metamorfosis de Ovidio: Narciso era un joven tan bello que quedó profundamente enamorado de su propio reflejo; cuando éste se acercó a besarlo cayó en una laguna y se ahogó. En cambio Guardián realiza una lectura diferente en la que incluye el título Musas. Mujeres que sucumben a su propia voz, para que la mujer adquiera un papel protagonista en su obra.

La obra de Frida Kahlo (1907-1954) es una de las más admiradas año tras año por el alumnado, y Ángela Guerrero ha querido seguir la tradición al plasmar la fuerza inspiradora de su obra gracias a El marco- autorretrato (1938). Kahlo afirmó que sus pinturas no se acercaban al diálogo onírico y surrealista sino que, al fin y al cabo, en sus representaciones hablaba de su vida y emociones. Guerrero actualiza la iconografía de la pintora con una modelo adaptada a nuestra modernidad, aunque con la propia atemporalidad de esta estética tan definida por Frida Kahlo. Por ello, podemos encontrar hasta certeros indicios de una definida fotografía editorial en los detalles que envuelve la imagen fotográfica.

De nuevo podemos apreciar una representación escultórica a través de la Pietà (1498-1499) de Miguel Ángel (1475-1564), esta vez recreada por Aída Herrera. Es interesante comprobar cómo la desubicación de una escultura tan célebre como la representación de una Piedad, pueda ser encontrada en un entorno natural por Herrera. Aquí se afianzan los lazos madre-hijo tras la muerte del propio Jesucristo en los que parece como si la Naturaleza estuviera esperando el cuerpo perecedero frente a un alma inmortal. Todo ello, sin olvidar el dolor de una joven madre que representa la piedra angular de la composición triangular tan definida en esta notoria obra. Así, los haces de luz provenientes del atardecer, atraviesan los árboles envuelven tan glorioso instante congelado por la cámara.

Raquel Jiménez también quiere jugar con los espectadores de su fotografía a través de la subversión de la obra elegida. Jiménez investiga la afamada obra La muerte de Marat (1793) del pintor neoclásico francés Jacques-Louis David (1748-1825) para adaptar su propia versión de los hechos, ya que en vez de Marat, podemos contemplar a una contemporánea Charlotte Corday como víctima en vez de verdugo. Con ello, realiza una crítica social hacia la violencia de género que las mujeres padecen día a día, pues la activa figura femenina luchadora por la libertad francesa, se posiciona como una mártir de la causa a manos del poder masculino imperante.

Seguimos jugamos con la modernización de tipos gracias a la obra de Carlos Jurado, en la que nos muestra su versión estética y artística de Judith con la cabeza de Holofernes (1613) de Cristofano Allori (1577-1621). Dicha pintura ha sido reproducida por diversos artistas a lo largo de la Historia del Arte, al ser un episodio bíblico dentro de un tema frecuente en la representación de la iconografía cristiana. En esta ocasión, Jurado nos muestra una heroica y actual Judith, vistiendo prendas coetáneas a nuestro tiempo y portando la cabeza de un devastado Holofernes en la que se potencia la fuerza de la mujer actual. La presencia de una segunda fémina asegura la unión entre ambas mujeres frente a situaciones adversas.

Por su parte, Marichu López contempla la figura de la mujer andaluza a través de la mirada de Julio Romero de Torres (1874-1930). Con su Chiquita Piconera (1930) nos traslada a una versión renovada en la que se pierde la fuerza de una penetrante mirada de la obra original frente a un ensimismamiento tan actual como es una joven con su dispositivo móvil. Sin perder un ápice de sensualidad y erotismo, la modelo de López posa con el atuendo representativo y típico de los cuadros de Romero de Torres aunque regalando al observador un guiño tan cercano como son las nuevas tecnologías.

Tradición y contemporaneidad conviven junto al retrato de la belleza española. Será La joven de la Perla (1665-1667) de Johannes Vermeer (1632-1675) una de las obras pictóricas con más interpretaciones por parte del alumnado, pero es que cada versión aporta una visión diferente y compleja. Así, Manuel M. Criado nos regala su propia interpretación gracias a su conocimiento sobre el pigmento y la luz, ya que M. Criado ha sido profesor de la Escuela de Arte y debido a su experiencia, el dominio que adquiere su mirada fotográfica es solemne. Aunque una de las hipótesis es que la obra de Vermeer fue un tronie, es decir, una muestra, Manuel M. Criado ha elaborado una suerte de retrato atemporal rodeado de belleza y fotogenia.

La iconografía de la Magdalena penitente (h.1660) que Murillo (1617-1682) nos presenta en este cuadro el personaje de María Magdalena haciendo penitencia por sus pecados. Así mismo, Mayela Marín estudia la iconografía y simbología de los atributos de dicha figura cristiana para que sea, per se, una representación fiel del mismo. Desde los largos cabellos, la sencilla vestimenta o la calavera como vanitas, se ajusta de manera verosímil al episodio en cuestión. Igualmente debemos tener en cuenta cómo la sensualidad que desprende de manera popular es plasmada por Marín en su propia modelo, cual mujer pecadora.

Las obras de Caravaggio son de las más estudiadas y trabajadas por el alumnado año tras año y volvemos a contar con uno de sus lienzos en Muchacho mordido por una lagartija (1593-1594). En esta ocasión, Nicolás Marín transforma al joven subvirtiendo su género y la escena elegida, a modo de instante decisivo, cuando el personaje en vez de ser mordido actúa como ejecutor. El pintor no deja de asombrar por su poder para tomar lo más espontáneo y natural de sus modelos; lo mismo que Marín, que intenta simular a través de la cámara la escena que, realizando una re-lectura, está llena de sensualidad. Su muchacha atrapa a la lagartija y la estruja en un ademán de poder. La mujer quiere dejar constancia de que no se va a volver dejar morder por nadie.

Camila Monsalve mira de nuevo al Barroco italiano y repite artista con Caravaggio aunque con una obra diferente a la anterior descrita. En este caso se trata de Muchacho con cesto de fruta (h. 1593), en el que se refleja el retrato de un joven con características andróginas que rozan el erotismo gracias a la pose. Por su parte, Monsalve añade misterio a su fotografía debido al juego de género que forja su modelo. Caravaggio quiso plasmar una serie de particulares entre las que destacamos la juventud, la sensualidad y el tenebrismo propio de la iluminación de la época que la  otógrafa interpreta de manera magistral.

Dando un salto temporal en la Historia del Arte, pasamos del Barroco al Surrealismo rabiante de René Magritte (1898-1967) con la pintura Les amants (1928). Patricia Moreno tenía claro el artista y la obra sobre la que quería trabajar y su plasmación fotográfica queda patente en unos amantes del mismo sexo que se aman bajo unas telas. El anonimato de esos jóvenes realza la pasión con la que se besan sin ser besados, pues como en los tiempos que nos ha tocado vivir, esa mascarada a modo de velo impide el contacto físico. A pesar de ello, la corporeidad de los no-retratos mantiene en vilo al espectador.

Edgar Degas (1834-1917) se adivina reinterpretado con Los bebedores de absenta (1876) gracias a la mirada subversiva de Sara Onieva, la cual actualiza tipos siguiendo el guión actual. Mientras que los rostros del siglo XIX que aparecen en el cuadro son personajes populares de su época, los retratados del siglo XXI asientan su carácter recóndito en una sociedad descontextualizada. Así, Degas hace alusión al estado de los modelos, alejado de los clásicos motivos impresionistas de alegría y bienestar, en la que alude a la marginación y aislamiento de ciertos ambientes parisinos.

Pero para Onieva, estos dos jóvenes decadentes son paradigmas de una colectividad que convive en inapetencia día a día y así lo vemos reflejado en su imagen fotográfica.

El caso de Belinda Rodríguez es especial debido a que es la única fotógrafa que no es compañera de curso, sino que es antigua alumna del Ciclo de Fotografía que, al igual que el alumnado actual, realizó este proyecto repleta de entusiasmo por los atrayentes resultados. Rodríguez ha pasado de ser alumna a profesora de nuestro centro y, de ahí, el interés de exponer sus dos piezas, ya que su trabajo y esfuerzo le ha llevado de aprender a enseñar en apenas un par de años. Las obras elegidas son Primavera y Otoño (1573) de Giuseppe Arcimboldo (1527-1593), obras que se compenetran a la perfección. Cada una de las pinturas contribuye al significado de la representación, así como cada uno de los objetos y elementos naturales, cuidadosamente elegidos, se entrelaza o se sobrepone, rivalizando con los otros y enfrentándose a sus contornos. Y Rodríguez lo ha llevado al plano fotográfico con una puesta en escena digna de las más bellas pinceladas.

Por último, los medios de masas se ven representados gracias al trabajo de Alejandro Wirthwein a través de la estampa popular religiosa, siendo un tipo de imágenes que favorecieron la densificación iconográfica. Con un origen normalmente anónimo, los “poderes” milagrosos que el pueblo atribuye a las imágenes plasmadas en las estampas, se transfieren a su representación gráfica, así, la ilustración también sirve para incorporar poder extraordinario a esa imagen representada dándole predominio autónomo por sí misma. Todo ello nos lleva a pensar que se le da más importancia al poder devocional de la estampa que a su valor artístico, que pasa a un segundo plano. De este modo,

se crean una serie de variopintos iconos religiosos traducidos a imágenes gráficas –y en nuestro caso, fotográfica- puestos al servicio de la religión y a su vez, alimento visual y devocional para el pueblo. Así Wirthwein se centra e interpreta en La Milagrosa (s. XIX), imagen de la Virgen con unos atributos iconográficos fáciles de descubrir como el manto azul o los haces de luz que desprenden sus manos.

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