El festival de Málaga inaugura su 29ª edición: un diálogo entre el cine y la identidad
La vigésimo novena edición del Festival de Málaga ha levantado el telón reafirmando su estatus como epicentro ineludible del séptimo arte en español.
En una jornada inaugural donde la sofisticación y el calado emocional marcaron el pulso, la alfombra roja no solo sirvió de escaparate estético, sino de punto de convergencia para una industria que hoy hibrida el cine tradicional con las nuevas narrativas digitales y musicales.
El magnetismo de los grandes nombres
La veteranía y el carisma de Carmen Maura centraron todas las miradas. La actriz, cuya trayectoria es ya patrimonio del cine europeo, aportó una sobriedad magnética a una apertura que promete diez días de intensa actividad cinematográfica. Este destello de veteranía contrastó armónicamente con la propuesta internacional de la noche: ‘Calle Málaga’. Su directora, Maryam Touzani, junto al elenco del filme, protagonizó uno de los momentos más simbólicos de la velada al lucir un imponente caftán, un gesto que vinculó la solemnidad del festival con la riqueza de sus raíces marroquíes.
Talento local y solvencia escénica
La conducción de la gala recayó en Kira Miró, quien bajo un pulcro diseño en blanco, ejerció de maestra de ceremonias con solvencia y distinción. Sin embargo, el componente sentimental de la noche alcanzó su punto álgido con la llegada de Salva Reina. El actor malagueño, cuya carrera ha sido avalada por la Academia con un premio Goya, ejerció de anfitrión emocional en su propia tierra. Con un escueto pero rotundo “Estar aquí siempre es bien”, Reina sintetizó el sentimiento de pertenencia que define a este festival: una cita que, pese a su proyección internacional, nunca olvida el orgullo de sus cimientos malagueños.
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