El Festival de Verano Terral viaja a lo más granado de la música popular estadounidense del siglo pasado con la visita este fin de semana de Jerry Lee Lewis, el Killer de Louisiana, uno de los padres fundacionales del rock and roll, y de la Gala Motown, que estará liderada en escena por el prestigioso percusionista Jack Ashford y por el guitarrista Tito Jackson, miembro de los Jackson Five y hermano pues del recientemente desaparecido creador de “Thriller”.
Ashford y Tito capitanean The Funk Brothers, la banda que tocó todos los éxitos de la época dorada del sello de Detroit, por lo que el día 19 el Teatro Cervantes escuchará una buena ración de gemas del soul de los sesenta. Y el lunes, Terral ofrece la actuación conjunta de dos de los más prestigiosos músicos del Asia Menor, el turco Omar Faruk Tekbilek y el turco de origen armenio Arto Tunçboyaciyan.
Genio y figura, rockero de tomo y lomo, superviviente de unos años frenéticos, Jerry Lee Lewis es uno de los más añejos y reputados iconos vivos del rock. También conocido como The Killer, sigue en activo, interpretando allá por donde va los éxitos que tocó y cantó en los cincuenta.
Ayer actuó en Madrid, y en Málaga lo veremos mañana sábado, en un concierto en el Teatro Cervantes en el que habrá mucho rock and roll clásico lleno de nervio y en el que también repasará al piano las baladas y piezas country que acostumbró a grabar desde los años sesenta. Veremos si arde Terral.
Jerry Lee Lewis es el puro ejemplo de leyenda del rock and roll. Malencarado, excesivo, fiel a la idea de que esa música era para juergistas y gente sin escrúpulos, con problemas con estupefacientes y turbulentas historias de faldas, tan enérgico que tocaba el piano con manos, pies y trasero, su vitalidad se puede resumir con una anécdota.
En su época dorada le contrataron para telonear a Chuck Berry, lo que le enfureció de tal manera que cuando se despedía con el “Whole lotta shakin’ goin’ on”, su primer gran éxito, roció el piano con gasolina y lo prendió fuego. Se cuenta que dijo: “Me gustaría ver qué hijo de puta supera esto”. Efectivamente, sus actuaciones eran salvajes, pura fuerza y espontaneidad, pura esencia de rock and roll primigenio, con un estilo de martillear su instrumento que fue comparado con el del también incombustible Little Richard.
Su historia comienza en la segunda mitad de los cincuenta. Jerry Lee Lewis, cosecha del 35 y natural de Louisiana (es decir, sureño de pura cepa y orgulloso de serlo), ya era un profesional del piano con quince años. Tocaba boogie woogie, rhythm and blues, country y swing en su tierra hasta que se presentó en el estudio de grabación de Sam Phillips, en Memphis, atraído por la creciente fama de su sello. Sun Records rompía entonces moldes con un plantel que incluía a Elvis Presley, Carl Perkins y Johnny Cash. Con la recomendación de que adaptara su estilo al pujante rock and roll y tras varias visitas, Sun le editó en 1956 el sencillo “Crazy arms”, pero fue el éxito de su segundo single, “Whole lotta shakin’ goin’ on”, con más de un millón de copias vendidas, el que le lanzó a la primera división en 1957. Ese mismo año reventó las listas con “Great balls of fire”, y en el 58 continuó despachando rotundas canciones de rock and roll como “High school confidential”, “Breathless” o “Lewis boogie”.
Pero bien pronto decayó su estrella. A mediados de 1958, en la cúspide de su fama, Jerry Lee Lewis, que ya era bígamo, contrajo matrimonio con una prima lejana suya llamada Myra, que tenía sólo trece años. La prensa sensacionalista no dejó pasar la oportunidad. El rock and roll era aún considerado salvaje, de mal gusto, y los periódicos se cebaron con él. Acusado de corrupción de menores, sus discos dejaron de radiarse, la televisión no le recibía y tuvo que dejar de hacer giras para sólo actuar en locales de mala muerte. Ya en los sesenta, firmó por el sello Smash, rama country de la potente Mercury, y mantuvo su prestigio actuando y derivando hacia un estilo más reposado y nostálgico. En esta etapa country, logró relativos éxitos como “Another time, another place” (68), “What’s made Milwaukee famous” (68) o “Drinkin wine spo-dee o’ dee” (70), a la vez que Sun reeditó varios singles que no entraron en su tiempo en las listas, como “Invitation to your party” (69) o “Waiting for a train” (70).
En los setenta y ochenta, dio más noticias por borracheras, juicios, bodas (y fallecimientos por accidente o drogas de sus mujeres), operaciones graves o desplantes que por su carrera musical, aunque su estatus de figura del rock and roll volvió a revivir con la película Great balls of fire (Gran bola de fuego, 89), basada en sus inicios, o, poco antes, en el nostálgico disco Curso del 55, grabado en el 85 por cuatro de los veteranos de esa añada mágica del sello Sun: Carl Perkins, Johnny Cash, Roy Orbison y él. Sólo faltaba Elvis del repóker de ases de la disquera sureña.
El más reciente álbum editado por Jerry Lee Lewis homenajea desde su título a los rockeros de su generación que grabaron en Memphis: Cash, Orbison, Perkins, Warren Smith, Elvis… todos fallecidos salvo nuestro protagonista. Last man standing, el último hombre en pie (aunque, ejem, hay algún otro compañero de sello, como Billy Lee Riley, que sigue en la brecha), se editó en 2006 y contiene duetos de The Killer con luminarias como Little Richard, Chris Isaak, Mick Jagger y Keith Richards, Neil Young, Jimmy Page, Springsteen, Ringo Starr, BB King o Buddy Guy. Pero el Asesino de Louisiana continúa a pesar de los achaques. Su nuevo asalto será un disco previsto para este año y que volverá a tener la colaboración del cantante y el guitarrista de los Rolling Stones.
The Funk Brothers y Tito Jackson reverdecen los laureles del sello de Detroit
Señoras y señores, el ‘carburador’ del mítico sello Motown tocará para todos ustedes “My girl”, “Baby love” y otros grandes éxitos de los sesenta y setenta. The Funk Brothers, a la vez pistón, cilindro, cigüeñal y caja de cambios de tan rutilante vehículo musical, actúan el domingo 19 de julio en Málaga liderados por una de sus piezas clave, el percusionista Jack Ashford, y con el ‘hermanísimo’ Tito Jackson empuñando las guitarras poco después de llorar la pérdida de su hermano Michael.
50 años hace de que Berry Gordy Jr. fundara la Tamla Motown en Detroit, la capital del automóvil. Concebida como una cadena de montaje a la imagen y semejanza de las fábricas de coches de la ciudad (Ford, General Motors y Chrysler), la discográfica producía éxitos sin parar. Berry Gordy dirigía la factoría de manera patriarcal, con brillantes compositores-productores (Holland-Dozier-Holland, Ashford-Simpson, Smokey Robinson, Norman Whitfield), un soberbio plantel de músicos de sesión (Ashford, los pianistas Earl Van Dyke y Johnny Griffith, el bajista James Jamerson, el batería Benny Benjamin, el guitarrista Robert White…) y una nómina de arreglistas, coreógrafos, profesores de canto y expertos en buenos modales que pulía a los aspirantes al estrellato venidos del gueto. Los estudios funcionaban las 24 horas del día, y su objetivo empresarial era facturar éxitos dirigidos a blancos y negros indistintamente (el sello se publicitó como “el sonido de la joven América”) mediante grabaciones de gran palpitación rítmica, de arreglos sofisticados e innovadores y con exuberantes voces que aún conservaban rasgos de gospel y blues.
Grupos como The Marvelettes, The Miracles, The Temptations, The Supremes, The Four Tops, The Isley Brothers, The Jackson Five, The Commodores o Gladys Knight & The Pips, y solistas de la talla de Marvin Gaye, Mary Wells, Smokey Robinson o Stevie Wonder fueron algunas de las ‘marcas’ de la factoría, que empezó a dar pronto dividendos. “Dancing in the streets”, de Martha & The Vandellas; “My girl”, de The Temptations; “Stop! In the name of love” y “Baby love”, de The Supremes; “What’s going on”, de Marvin Gaye, o “Superstition” de Stevie Wonder, son sólo algunas de las canciones que se encaramaron a lo más alto de las listas durante los 60 y primeros 70.
De esa época dorada nos llega Jack Ashford, pandereta, percusión, marimba y vibráfono de un grupo de músicos de estudio que salió del anonimato gracias a la película documental de 2002 Standing in the shadows of Motown. De hecho, The Funk Brothers grabaron todos los éxitos de la Motown desde 1959 hasta 1972, cuando Gordy se llevó el sello a Los Ángeles, pero la primera vez que salió en los créditos de un álbum fue en el trascendental What’s going on, de Marvin Gaye… en 1971. Entre los centenares de grabaciones de Ashford en este prestigiosísimo sello de Detroit podemos reseñar “Nowhere to run”, de Martha & The Vandellas; “You can’t hurry love”, de The Supremes; “I heard it through the grapevine”, de Marvin Gaye; “Don’t leave me this way”, de Thelma Houston, y “Ooh baby baby”, de The Miracles.
Junto a la troupe de The Funk Brothers viene Toriano ‘Tito’ Jackson, guitarrista y una de las voces del popular combo The Jackson Five. Tito emprendió una carrera en solitario tras la disolución de la banda que integraba junto a sus hermanos Jackie, Jermaine, Marlon y Michael Jackson, y es quien estaba poniendo más empeño a la esperada reunión del famoso quinteto de la Motown. Recientemente le hemos visto con toda su familia en el funeral de su hermano Michael, pero, en todo caso, en Málaga le veremos junto a Ashford y su banda, en la que disfrutaremos de engrasados metales, guitarras, percusiones, teclados y coros en la revisión de uno de los catálogos más impresionantes de la música popular contemporánea.
Omar Faruk Tekbilek y Arto Tunçboyaciyan unen sus saberes en escena
Es una verdad muchas veces demostrada que el arte, y más específicamente la música, allana más caminos a la convivencia y a la paz que tratados o diplomacias varias. Hay pruebas: la orquesta de judíos y árabes de Barenboim, las tareas de pedagogía musical que dan futuro a jóvenes marginados, o uniones artísticas como la que veremos el lunes 20 de julio en el Teatro Cervantes de Málaga. Dos de los más señeros músicos del panorama turco contemporáneo, a la vez vanguardistas y revitalizadores de la tradición, actúan en Terral en una gira denominada ‘Sin Fronteras’ que supone tanto un abrazo entre otomanos y armenios como una ventana al Mediterráneo.
Omar Faruk Tekbilek, nacido en un pequeño pueblo turco llamado Adanali y con sangre mitad otomana mitad egipcia, y Arto Tunçboyaciyan, natural de una pequeña población cercana a Estambul pero con orígenes armenios, nos ofrecen sobre el escenario una encrucijada geográfica y cultural.
Ambos residen desde hace años en los Estados Unidos, donde Omar Faruk conduce una fértil carrera musical. Virtuoso del ney (flauta tradicional de la música turca y persa) y el baglama (laúd turco de cuello largo), y gran conocedor del sufismo, su misticismo convive con unas ansias de estrechar lazos entre culturas que le hizo colaborar en su penúltimo álbum (Alif, 01) con un percusionista anglosajón (Steve Shehan), un guitarrista flamenco (José Antonio Rodríguez) y sendas cantantes griega, turca, persa, búlgara e israelí. El disco más reciente de Faruk, The tree of patience (06), es su reencuentro con su amigo Arto Tunçboyaciyan, y significa para el flautista y laudista turco un homenaje a sus maestros: “La parte que arranca del suelo es mi primer profesor, de quien aprendí el ritmo y las escalas. En el tronco está mi segundo maestro, quien me enseñó la composición como intérprete de baglama. Mi tercer profesor, en el cuerpo del árbol, fue el que me enseñó la filosofía del ritmo: el equilibrio entre los extremos. Y en mitad del árbol está la filosofía. Mi hermano [Hadji, su gurú particular] representa la lluvia que cae sobre el árbol para que éste crezca”.
Y junto a Omar Faruk y su banda, en escena estará Arto Tunçboyaciyan, excepcional percusionista que deslumbró en el Peñón del Cuervo un pasado Etnimálaga haciendo música con botellas, darbukas y cualquier cachivache que le viniera a mano. Tunçboyaciyan, capitán de una Armenian Navy Band que está a punto de editar el álbum Platón, es el lado intrépido del dúo. No en vano llaman “folk de vanguardia” a su estilo, el de un hombre que es capaz de obtener arte musical con artistas tan distintos como Al Di Meola, Chet Baker, Eleftheria Arvanitaki o Serj Tankian, cantante de los fieros System of a Down, con quien formó el grupo Serart.
13 espectáculos en el Teatro
Terral 2009 comenzó el miércoles 1 con Los Chicos del Coro, a quienes siguieron el sábado 4 la turca de origen kurdo Aynur, y el lunes la griega Eleftheria Arvanitaki. El pasado fin de semana, el Teatro Cervantes recibió al malagueño Toni Zenet (sábado 11) y a la caboverdiana Cesária Évora (domingo 12). Este fin de semana actuarán Jerry Lee Lewis (sábado 18) y The Funk Brothers y Tito Jackson en la Gala Motown (domingo 19), mientras que Omar Faruk y Arto Tunçboyaciyan tocarán juntos el lunes 20. El ‘trance’ mezclado con folk de los polacos Warsaw Village Band (jueves 23), el toque del malagueño Daniel Casares (viernes 24), la cadencia cubana de Omara Portuondo (sábado 25), la clase melódica de Burt Bacharach (domingo 26) y el concierto teatral Divinas (viernes 31) cerrarán el festival en el escenario principal.