“Es un doble placer hacer un texto con el que compartes el mensaje que se quiere transmitir: en este caso, mostrar las entrañas del continente negro, negro por la situación que ha generado el colonialismo”, arguyó esta mañana Jordi Dauder, un intérprete muy satisfecho por trabajar con “un tipo de teatro que manda los deberes al público cuando va a casa”. “La obra corrobora de forma fehaciente la sensación de que todos somos deudores, somos responsables, de la situación de otros en diferentes partes del mundo; en suma, que lo de la aldea global es cierto”, añadió Vicky Peña, también ilusionada con una pieza con mucho fondo, facturada por un equipo de autora, directora y actores “comprometidos todos con la naturaleza humana, con las obras que tienen algo que decir”.
El viaje al infierno de África, con el hambre infantil como fondo, se sostiene con una escenografía sencilla y una iluminación tenue, que remite a un hotel de lujo en el que conversan una traductora y un hombre de negocios, y sobre el que destacan las soberbias interpretaciones del dúo actoral sobre un texto que ganó el Lletra d’Or 2008. Dauder, actor de largo recorrido con sugerentes incursiones en la creación literaria (además de escribir poemas, cuentos y novelas fue cofundador de la revista El Viejo Topo), y Peña, flamante Premio Nacional de Teatro 2009, y que ya visitó el Echegaray en noviembre con De Mahagonny a Youkali, presentaron esta mañana en rueda de prensa un trabajo por el que han recibido unánimes elogios. “Interpretación cuidada hasta el último detalle y llena de sensibilidad y riqueza de matices” (César López Rosell, El Periódico), “un brillante juego de dos para un texto complejo y de gran virtuosismo” (María José Ragué, El Mundo), “un texto inteligente, que avanza sinuoso hacia las profundidades del infierno” (Begoña Barrena, El País) son extractos de las críticas de una puesta en escena en la que resuena En el corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y que nace de un encargo muy particular.
Dentro de su Proyecto de Autoría Textual, el Teatre Lliure propone a dramaturgos catalanes escribir nuevas obras a partir de temas de actualidad. Este contexto, en diciembre de 2004 se encargó a Lluïsa Cunillé desarrollar una pieza a partir de un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) sobre los índices de mortalidad infantil en el mundo en relación con la malnutrición y el hambre. A partir de ello, Cunillé, ofreció una visión insólita y personal de la compleja relación entre los llamados Primer y Tercer Mundo, en el que temas polémicos como las formas de solidaridad, de diálogo, de explotación o de caridad aparecen silenciosamente en el texto, sin caer en ideas preconcebidas o simplificadoras.
Sinopsis
Un hombre y una mujer se encuentran en la habitación de un hotel de Kinshasa, la capital del Congo. Él trabaja para una compañía surafricana que se dedica a la extracción y la comercialización del coltan, un mineral esencial en el desarrollo de nuevas tecnologías. Ella hace años que vive en el hotel, donde hace de intérprete para los hombres de negocios. Son dos europeos que en algún momento de su vida descubrieron la fascinación por África y la convirtieron en su refugio. A lo largo de la conversación, la cruda realidad del mundo que los rodea, marcada por la injusticia y el saqueo, se irá haciendo presente dentro del aparente aislamiento de esta habitación de hotel, a pesar de todos sus esfuerzos para cerrar los ojos y el alma.
“Soberbio texto el de Lluïsa Cunillé, muy bien servido por Vicky Peña, que ejecuta sin perder pie un peliagudo triple salto mortal interpretativo, y Jordi Dauder, una fiera de vuelta de todo, entre cínica, amarga y vulnerable al cabo”.