¿Hambre o sed? Así nos confunde el cerebro cuando nos deshidratamos
Una deshidratación leve puede hacernos creer que tenemos hambre, cuando en realidad necesitamos agua.
El hipotálamo y el centro de recompensa del cerebro procesan de forma similar el impulso de comer y el de beber, lo que puede llevar a decisiones erróneas si no aprendemos a interpretar las señales. Con la llegada del calor, mantenerse bien hidratado no es una cuestión solo de bienestar, sino también de salud.
Una deshidratación leve puede hacernos creer que tenemos hambre, cuando en realidad lo que nuestro cuerpo necesita es agua. “El cuerpo puede interpretar de forma similar la necesidad de comer y la necesidad de beber”, explica Mireia Obón-Santacana, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Esta confusión se origina en el cerebro, concretamente en el hipotálamo, donde se procesan ambas señales. “Estas transmisiones provocan respuestas en los centros de recompensa del cerebro, como el núcleo accumbens (NAc), que generan respuestas motivacionales y vinculan esas señales con sensaciones de placer o impulso para actuar y, por ejemplo, buscar comida o agua”, explica la nutricionista Obón-Santacana.
Según estudios como el publicado por instituciones académicas médicas de Nueva York, los mismos grupos de neuronas del NAc, de los tipos D1 y D2, se activan tanto ante el hambre como ante la sed, no solo durante la fase de anticipación (búsqueda), sino también durante el consumo de comida o bebida. Lo interesante es que estas neuronas no distinguen entre comida o agua en función de su naturaleza, sino que modulan el impulso y la motivación, lo que indica que el NAc no decide qué necesitamos, sino cuánto lo deseamos.
Mediante imágenes de calcio en ratones despiertos, se observó que los mismos conjuntos neuronales se activaban tanto cuando los animales comían tras pasar hambre como cuando bebían tras una deshidratación. Durante la fase de consumo, las neuronas se organizaban en tres grupos temporales distintos vinculados al inicio, el disfrute y la finalización del acto de comer o beber.
Señales para detectar la deshidratación antes de que el cuerpo nos engañe
La primera señal es la más evidente: la sed. Pero la experta de la UOC advierte que, especialmente en personas mayores, esta sensación aparece cuando ya existe un cierto grado de deshidratación. “La sensación de boca seca, sudar menos y orinar con menos frecuencia y con un color más oscuro del habitual son indicadores clave”, señala. La orina debería ser de un tono claro o transparente; cuando no lo es, puede ser una señal de alerta.
Otros síntomas son el estreñimiento, la fatiga, la falta de concentración y el dolor de cabeza, como indican estudios científicos. Además, en personas con la tensión baja, la falta de agua puede aumentar la sensación de inestabilidad al levantarse. En el caso de las personas que practican deporte, los calambres pueden estar relacionados con la pérdida de agua y minerales.
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