EXPOSICIÓN DE BALNEARIOS MALAGUEÑOS
La directora del Archivo Municipal, María Pepa Lara, y su equipo han hecho una recopilación de fotografías, libros, revistas, documentos y planos del propio Archivo para mostrar la importancia que han tenido siempre los baños de agua dulce o salada en la ciudad. Todo un recorrido bajo el título ‘Historia de los balnearios malagueños. La cultura del agua’.
En los repartimientos que los Reyes Católicos hicieron a la Iglesia y a los nobles tras conquistar Málaga el 19 de agosto de 1487 ya iban los baños árabes. En torno a estos se levantaron los primeros conventos. Pero la Iglesia se fue desprendiendo de estas casas de baños, bien por venta o arrendamiento.
Así, en el Centro de la ciudad y en la zona norte se abrieron varios baños de agua dulce entre los años 1840 y 1950, como los Baños de Ortiz, Nuestra Señora de Belén, Las Delicias, Baños Hidroterápicos y el Salón Roma. Los clientes podían tomar tres tipos de baños: calientes, templados y fríos. Además, tenían propiedades minero-medicinales, sulfurosas, sulfídricas, termales, ferruginosas, salinas y carbonatadas.
En el puerto y en la zona sur, los malagueños disfrutaban de playas para bañarse como las de Pescadería, Sanidad, Embarcadero y los baños de mujeres o baños de ciegos. Eran de noche y con separación de sexos. También existían los baños de mar Diana, la Estrella y Apolo, que estuvieron abiertos entre 1843 y 1885. Se empleaba agua de mar y dulce, y los usuarios disponían de duchas de chorro a presión y regaderas.
Estos tres últimos balnearios se abrieron posteriormente en la zona este, en La Malagueta y en el barrio burgués, donde estuvieron entre 1887 y 1943. A ellos se unieron los célebres Baños del Carmen (1918), que por la oferta de sus actividades de ocio parecía más un club social. Además de los baños de día, al sol y al aire libre, había una zona de deportes y de bailes, restaurante, vestuarios y duchas.
Los chiringuitos
Los balnearios se extendieron hacia las playas Pedregalejo, Las Acacias, El Palo, El Dedo (El Chanquete), Peñón del Cuervo y La Araña. En la primera etapa convivían restaurantes, vestuarios y duchas. En la segunda -a partir de los años setenta y ochenta- sólo quedaron los chiringuitos; y en la tercera etapa, en los años noventa, se demolieron los chiringuitos y la playas quedaron liberadas de cualquier construcción.
Si los baños de la zona este eran frecuentados por personas de la alta sociedad o burguesía malagueña, en el otro lado de la ciudad, en el sector oeste o poniente, se bañaban los obreros y sus familiares, que trabajaban en las fábricas que se construyeron entre El Bulto y Huelin.
En las playas de San Andrés estaban las casetas para baños La Concepción, San Andrés y Diana, que disponían de baños fríos y albercas con agua de mar, bien separados los hombres de las mujeres. Los balnearios se extendieron hacia la playa de la Misericordia, donde se asentaban los de Aurelio Gómez Cotta, Dolores Campos López y el de la obra sindical de Educación y Descanso, San Patricio.
Siguiendo la franja del litoral, los balnearios llegaban hasta las playas de Torremolinos, un barrio burgués en el siglo XX. Curiosamente, esta localidad ha mantenido la tradición de los baños y en 1985, el Hotel Meliá Costa del Sol abrió el primer centro de talasoterapia.
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