EL AYUNTAMIENTO HABILITA UNA NUEVA ZONA 30 EN LA CIUDAD
En cuanto a las actuaciones destinadas a mejorar la accesibilidad a la nueva zona 30, desde el Área de Gobierno de Accesibilidad y Movilidad se han realizado ocho entradas a la zona de aparcamientos en la calle Monseñor Carrillo Rubio mediante bordillos con perfil inclinado, así como un nuevo paso de peatones con rebaje para personas con movilidad reducida en la calle Alferez Ángel Rosado. Todo esto con el objetivo de dar continuidad a los viandantes provenientes de Martínez Maldonado hacia calle Hilera.
El presupuesto asignado para el total de estas actuaciones ha sido de 102.573 euros.
ZONAS 30 EN MÁLAGA
Con la barriada Haza de Cueva ya son tres los espacios que forman parte del proyecto de movilidad sostenible, entre los que se encuentran las zonas 30 del Ensanche del Puerto y la barriada El Torcal.
Una Zona 30 es un área urbana conformada por “vías de estar” a las que se accede desde las “vías de pasar” que las delimitan mediante “puertas de entrada” y señalización específica, y en la que la velocidad máxima permitida es de 30 km/h. La acera y la calzada están situadas a distinto nivel para dar mayor protección al peatón.
Esta limitación de velocidad exige la implantación de elementos físicos que informen a los conductores de las características especiales de la zona, eviten la indisciplina vial e inviten a practicar una conducción adecuada a la velocidad planificada. No forman parte de la red viaria principal, se caracterizan por tener un tráfico básicamente de destino, es decir, que garantice el acceso a viviendas y actividades terciarias situadas en ellas, pero en ningún caso han de soportar tráfico de paso.
El Ayuntamiento de Málaga con la implantación de zonas 30 tiene como objetivo fomentar el desarrollo sostenible y mejorar un espacio y su habitabilidad dando una mayor prioridad al peatón así como potenciando la seguridad vial. De esta forma, se establece que el vehículo circule en el sector con una velocidad límite de 30 km/h, lo que favorece que se reduzca el tráfico de paso, disuadiendo a los conductores de que la red viaria vecinal se use como “atajo” en itinerarios de paso, consiguiéndose un entorno de coexistencia entre movilidad peatonal, bicicletas y los propios vehículos.
Se incrementa la seguridad vial reduciéndose tanto el riesgo de sufrir accidentes como la gravedad de las consecuencias. Además los peatones y las personas con movilidad reducida pueden cruzar la calle de forma más segura y la capacidad de reacción y frenado de los conductores aumenta.