Carlos Goñi vuelve a Málaga a presentar su nuevo disco, “Argán”
Así ha sido en una carrera que suma ya más de veinte años y una docena de discos, pero tendemos a pasar por encima sus aproximaciones sonoras a Portugal, a Irlanda, a México… Muestras de una evidente inquietud musical que le lleva a otear en horizontes que, a priori, podrían resultar ajenos a quien se ha educado en la tradición del rock.
Ahora, para su nuevo disco, “Argán” (nombre de un árbol que solo crece en determinadas zonas de Marruecos y del que se extrae un aceite único; los bosques de Argán son Patrimonio de la Humanidad) Goñi ha viajado hasta Marrakech para dar forma a un álbum que ha tenido mucho de aventura musical, de experiencia inédita con la que probar nuevos sonidos con los que no perder la necesaria tensión que todo creador necesita para seguir creciendo, para no quedarse anclado en el mismo lugar de siempre. Para renovar ideas, para darle la vuelta a conceptos sonoros asumidos durante décadas.
El sonido de “Argán” es Revólver, pero un Revólver como nunca antes hemos escuchado. Un Revólver que se adentra en terreno musical desconocido, en el que la sorpresa está asegurada, en el que en un tema como “Manos arriba” puede encontrarse cierta impronta mexicana en convivencia con instrumentos árabes, o donde el country se da la mano con los sonidos callejeros de Argelia (“Quiero aire”). Aquí las guitarras cargadas de psicodelia se pueden entremezclar con arabescos (“Reconozco la frontera”). También hay espacio, cómo no, para las baladas incandescentes (“Ya no hay dos para cenar”)…
Las letras tampoco defraudan, son los habituales textos de Carlos en los que el lado humano de la vida cobra protagonismo, donde la conciencia social se cuela en cada verso. Ahora con un mirada lúcida hacia ese límite, la frontera cultural y física, que separa dos mundos mucho más próximos de lo que aparentan.