Ubú rey llega al Teatro Echegaray con la vitola de formar parte de la programación de su primer trimestre y a la vez del ciclo Programado por Picasso, que la Fundación Picasso-Casa Natal ha diseñado dentro de los actos del XXII Octubre Picassiano y que pretende exhibir una muestra de lo que el pintor del Guernica hubiera querido ver sobre las tablas. La gerente del Teatro Cervantes, Charo Ema; el director artístico del Echegaray, Miguel Gallego, y la directora de la Fundación Picasso, Lourdes Moreno, presentaron esta mañana en rueda de prensa el primer fruto de esta colaboración entre las instituciones municipales, que abre un ciclo anual que plasmará la integración de las artes tan cara al artista nacido en la plaza de la Merced. En este sentido, Lourdes Moreno recordó la importancia de una obra escénica que en su día “rompió con el concepto de belleza, orden y tradición reinante”, y que tuvo una influencia iconográfica notable en la obra de Picasso, en cuya carpeta de grabados Sueño y mentira de Franco el perfil del dictador se inspiró en el personaje de Ubú, dibujado por Jarry en forma de monigote con una cabeza cónica y con un disfraz de Ku-Klux-Klan.
La versión de Fullana
En esta versión, que la crítica ha definido como una “exhibición de interpretación, concentración y resistencia” y que cuenta con “un minucioso e inteligente trabajo de dirección”, Pere Fullana ha abordado una versión crítica con la autoridad, personalizada en un rey sin moral alguna, y que pone en cuestión el abuso de poder que ejerce sobre todo lo que le rodea. El foco del texto se centra en un rey en este caso, pero bien podría concentrarse en los dictadores actuales o las grandes multinacionales… todos susceptibles de ser Ubú. Y todo en una pieza que hace referencias a la especulación, el poder político y la falta de ética social con un tono en el que conviven la comedia, lo dramático, el esperpento, el humor negro y grosero y el exceso.
La primera versión de Ubú rey la hicieron un grupo de adolescentes enrabietados con un profesor. Era una parodia del teatro de Shakespeare, de Macbeth sobre todo, con algunas referencias a Hamlet y al teatro clásico griego (Ubú rey – Edipo rey). A pesar de ello, no tenía aspiraciones de gran obra literaria, y sólo pretendía burlarse cruelmente de alguien que ejercía sobre ellos un poder que menospreciaban, pero que estaban obligados a soportar. Por una cabriola del azar, uno de aquellos adolescentes va a convertirse en escritor: Alfred Jarry. Algunos años después, a finales del siglo XIX, Jarry reescribió la obra conservando la esencia a partir de la cual fue creada.
La pieza se estrenó el 10 de diciembre de 1896 en el Thêatre de L’Oeuvre de París, momento a partir del cual el teatro experimentó cambios definitivos, rompiendo así con una fuerte tradición al renovar tanto la escritura dramática como los conceptos de puesta en escena, desde la iluminación, vestuarios, utilización de máscaras, gestualidad actoral, etc. De esta forma Jarry se convirtió en uno de los precursores más importantes del surrealismo, del dadaísmo y del teatro del absurdo. La exclamación “merde” (traducible como“mierda”) con la que da comienzo la obra, deja al descubierto el personaje de Ubú: una representación de lo grotesco y lo humanamente innoble del poder político y el gobierno. Este personaje generó la creación de tres obras más: Ubú en la colina (que es un resumen de Ubú rey, adaptado para llevarlo a un acto de marionetas) Ubú cornudo y Ubú encadenado.
En Ubú rey no hay valores de ningún tipo. Lo único que justifica las acciones de los personajes es la posesión material acompañada de la adulación, el ejercicio ilimitado del poder y la amoralidad absoluta. Esto convirtió la obra, ya a principios del siglo XX, en un icono de la libertad creativa y del enfrentamiento artístico con el poder. En realidad, Ubú rey conecta con éxito el simbolismo con las vanguardias y crea un puente magnífico entre el arte inconformista del XIX y del XX.
En nuestros días, además de haber transcurrido más de cien años de su primera representación, tal vez es preciso hacerse una pregunta: en una sociedad en la cual los mecanismos de comunicación están tan desarrollados, ¿cómo se puede hacer real, efectiva y creíble la rabia que transpira la pieza de Jarry? Aunque Ubú rey puede hablar de todos los niveles de relación social, en todas las épocas y todas las sociedades, en el mundo actual se podría convertir fácilmente en un ataque ingenuo de cólera. Podría, pero milagrosamente eso no pasa de ninguna manera. La rabia adolescente que creó la obra la mantiene joven y preparada por adaptarse a cualquier acontecimiento presente y futuro. Siguiendo la estela de Macbeth, el objeto de su parodia, Ubú rey se ha convertido en un clásico sobre la relación del ser humano con el ansia de poder. Macbeth reflexiona poéticamente, Ubú lo vomita. Ambos son necesarios, porque muchas veces, ante la impotencia a la que nos ha condenado la estructura de la sociedad contemporánea, sólo nos queda expresarnos con furor y cinismo a partir de la comicidad, encarándonos con lo que nos ha tocado, con la rabia adolescente de aquellos jóvenes de finales del siglo XIX.
El vínculo de Jarry con Picasso
Sobre 1902 Apollinaire conoció a Alfred Jarry, cuyas ideas iconoclastas pronto ejercieron influencia en él y por mediación suya, también en Picasso. Jarry acabó instalándose en una habitación de mínimo espacio, a la que, al parecer intentó Apollinaire llevar a Picasso. Si el pintor y el poeta no llegaron a conocerse fue porque Jarry comenzaba a pagar el precio de sus excesos, la pobreza agravaba sus problemas y pasaba bastante tiempo fuera de París.
Jarry fue dibujante e ilustrador, y la mayoría de sus imágenes se pasaron a la xilografía, pero también realizó pinturas y bajorrelieves. En 1937 Picasso buscó inspiración en su personaje Ubú, dibujado por Jarry en forma de monigote con una cabeza cónica y con un disfraz de Ku-Klux-Klan, para adaptar su imagen a la que quería dar de Franco en la carpeta de grabados Sueño y mentira de Franco, que se vendió en el Pabellón Español de la exposición internacional de París. Uno de estos ejemplares se encuentra en la Fundación Pablo Ruiz Picasso-Museo Casa Natal, ya que fue donado a la institución por su nieta Marina, en 1989.
Años más tarde, a mediados de la década de los 50, Picasso se lamentaba, conversando con la biógrafa Hélène Parmelin, de no haber conocido a Jarry: un día fue a su casa con Apollinaire pero no estaba, y ese fue el fin. En todo caso, Ubú rey, con su desprecio de las convenciones y su uso novedoso e irreverente del lenguaje es una obra que entronca plenamente con el espíritu transgresor e innovador de las vanguardias de las que Picasso fue pionero.
Sinopsis
Ubú, capitán del ejército polaco y ex rey de Aragón, instigado por su mujer y con la ayuda de otro capitán, Ferrer, derroca al rey de Polonia para instaurar una cruel tiranía. Timoteo, el hijo del antiguo rey, que ha huido milagrosamente de la matanza de su familia, conseguirá la ayuda del zar de Rusia para recuperar la corona y organizar un poderoso ejército. Ubú deja el país en manos de su mujer para partir a la guerra, donde será derrotado. Perseguido por sus enemigos, se reencuentra por azar con ella, que ha podido escapar de la ciudad. Ubú se enfrenta con el príncipe Timoteo y, a punto de ser vencido, es salvado por sus fieles y abandona Polonia en un barco hacia un destino incierto.
La crítica ha dicho…
“El ritmo es vibrante en todo momento, con unos treinta personajes en mano de cinco actores que se multiplican en una auténtica y maratoniana exhibición de interpretación, concentración y resistencia… El resultado es inmejorable. Consiguen una comedia dramática y esperpéntica notable, que conjugan el humor negro y grosero, el histrionismo y el exceso, con la sutileza de un trabajo escenográfico y sobre todo lumínico extraordinario, que aportan al relato tanta información como los mismos diálogos. Molinet hace su mejor papel en años, dibujando un Ubú patético pero terrible, débil pero demoledor. (…) Aina Cortés no queda atrás….son un tándem perfecto, y aquí certifican que no sólo se compenetran sino que se complementan”.
Javier Matesanz Diari de Balears
“Enorme el trabajo actoral, como siempre resultado de un minucioso e inteligente trabajo de dirección. Como si se hubiesen creado desde cero, los personajes nos llegan nuevos, recién descubiertos. Ubú, un muñeco empujado por la ambición de una Ubúa igualmente cobarde. Y a su alrededor, una galería de engendros, asumidos de forma multiplicada por un incansable cuarteto. Buen trabajo duro y difícil”.
Emili Gené Última Hora