En aquella época, sobre todo durante la Vendeja, era corriente ver como las altas fragatas, los esbeltos bergantines o los pataches panzudos hacían cola en la bahía en espera de poder acostar sus bandas al pétreo malecón de los muelles para llenar
sus bodegas con los famosos frutos secos y vinos malagueños.
Toda la ciudad se encontraba implicada en la empresa y ella misma se convertía en empresa y en el espejo de popa de muchos navíos, sobre el nombre de Málaga, lucían, en letras doradas, los que distinguían a las famosas y bellas “barcas blancas de Heredia”, y que llevaron con orgullo el nombre
de nuestra capital por las azules singladuras de los siete mares.
En aquella Málaga marinera del pasado siglo, se reunieron un día un grupo de malagueños y decidieron fundar, al estilo de los que había en otros países, un club náutico donde pudieran
aprovechar sus ratos de ocio ejerciendo unas actividades que eran su afición: los deportes del mar y las regatas a remo o a vela.
Así nació este Club Mediterráneo que fue el primero que se fundó en nuestro País. Y nació bien, pues tras un largo siglo de vicisitudes sigue ahí plantado sobre esa especie de brazo femenino
que es el paseo de la Farola siempre abrazado al mar; veterano compañero de ese faro que graciosamente un día cambió de sexo y se transformó en alba Farola que, noche tras noche, ilumina
las aguas malacitanas y guiña picarescamente a los barcos que cruzan allá por el canto y las foneras.
Ciento treinta y siete años son muchos años y sobre ellos cargan miles de circunstancias y vicisitudes. Guerras, temporales, terremotos, epidemias… de todo hubo en la historia de nuestra
milenaria ciudad, mas ninguno de ellos pudo con el entusiasmo de los malagueños que hijos, nietos y
biznietos de aquellos que fundaron el primitivo club, siguieron considerando el Mediterráneo como una prolongación de sus casas el perfecto campo donde esparcir sus espíritus y aficiones.
Entre aquella barraca flotante que se amarraba bajo la pequeña y bella capillita del Muelle Viejo, y el edificio social que es sede actual de nuestro Club, está encerrada una larga historia de entusiasmos, entrega y sobre todo de inmenso amor al mar.
Amor a esa mar que surcaron nuestros
hombres, esos que aparecen en las viejas fotografías que como fe notarial de nuestras palabras reproducimos en estas páginas, a ese mar que surcan los de ahora y que también surcaron todas esas generaciones ya idas del mundo -mas no de nuestra memoria- y a las que desde aquí enviamos el emocionado recuerdo de nuestro afecto.
Ellos y nosotros, y los que ahora son tan solo una infantil vivacidad, y también los que vendrán después, defendieron y defenderán con el mejor espíritu deportivo estos colores de nuestro Club, colores que para nosotros no solo representan algo tan entrañable como el Real Club Mediterráneo, sino también nuestro país, pues como premio a ser pionero de todos los de España, la Reina Regente le concedió como alto honor el título de Real y su grimpolón con el rojo y gualda de nuestra bandera.
En enero de 1998 se concedió al Real Club Mediterráneo la Placa de Oro del Mérito Deportivo, la más alta distinción que se otorga en España a una entidad deportiva. Esta distinción
coincidente con el 125 aniversario de la fundación de nuestro club, nos llenó, a todos los que formamos la gran familia del Mediterráneo, de orgullo, galardón que compartimos con la ciudad de Málaga en la que estamos integrados.
El objetivo principal del Real Club Mediterráneo, desde su fundación, es el fomentar los deportes náuticos en sus diferentes manifestaciones, vela, remo, piragüismo, motonáutica, natación,
pesca deportiva, etc.; y a tal fin promocionará fundamentalmente tales deportes y organizará al efecto
actividades en todas las especialidades náuticas, sin menoscabar el cuidado de otros deportes y actividades socioculturales.
FIESTAS DE INVIERNO – REAL CLUB MEDITERRANEO
En los años 20 las llamadas fiestas de invierno eran ya una realidad y el Real Club Mediterráneo organizaba grandes regatas en las que tomarían parte numerosas embarcaciones, tanto
deportivas como “faeneras” (las populares jábegas), incluyendo pruebas de vela y a motor, así como
las muy esperadas competiciones internacionales entre malagueños e ingleses de Gibraltar en yolas
de 4 remeros.
Las Regatas de Invierno resurgen en aguas de nuestra bahía allá por los años 40 cuando la Costa del Sol aún no existía, Málaga era una ciudad de invierno y las fiestas de invierno tenían un auge y repercusión tanto local como nacional de gran transcendencia; entre los principales
acontecimientos deportivos y locales de estas fiestas comienza a destacar la Regata de balandros en la bahía malagueña.
Las suaves temperaturas del invierno malagueño con una máxima media durante el mes de enero de 22,2º y con 170 h. de sol en ese mismo mes, junto a las condiciones de viento y mar reinante
en esa época del año, hacen de la bahía malagueña una zona privilegiada para la práctica de los deportes náuticos.
La tradición náutica de nuestro Club y nuestra Ciudad cuenta con grandes
campeones de vela así como de remo, natación, motonáutica, piragüismo, etc.; su casa de botes es hoy por hoy un auténtico hervidero de deportistas que van desde edades infantiles y juveniles, próximos ya a dar al Club muchos momentos de gloria, hasta las categorías Senior y Master, en las
que tradicionalmente el Club siempre ha contado con algún deportista de fama internacional (Duque de Arión, Pedro Casado, Félix Gancedo, Jorge Haenelt, Carlos Llamas, Laureano Wizner, Theresa Zabell, María Peláez,…) pero lo más importante es que la cantera sigue creciendo día a día.
A todo ello ha contribuido la apertura de puertas a la ciudad y la creación de la figura del Afiliado Deportivo, persona que sin ser socio del club puede disfrutar de sus instalaciones y participar en sus equipos desde la iniciación a la competición cumpliendo con algunos requisitos muy simples de
participación.
Junto a ello también la Ciudad y el mismo Puerto han sufrido grandes transformaciones: de las espaldas al mar con las que se diseñó y se construyó todo el Paseo de la Caleta a la realidad del espléndido Paseo Marítimo actual y las regeneradas playas de la Malagueta.
En definitiva, Málag vuelve a mirar a su mar Mediterráneo.
Sobre el Puerto y su futuro se proyectan numerosas ideas, todas ellas con el común denominador de la apertura del Puerto a la Ciudad. De la vuelta de la Ciudad hacia su mar y de la
apertura del Puerto a la Ciudad, resurge la idea de relanzar pruebas náuticas en el invierno malagueño, con un doble propósito: que los ciudadanos malagueños se acerquen de nuevo a su mar
por medio de su Puerto, contemplando las pruebas náuticas que en el interior y exterior del recinto portuario, este Club pretende organizar.
Al mismo tiempo, mientras media Europa grita de frío así como parte de nuestro territorio nacional, la celebración de estas pruebas náuticas, en pleno invierno, pueden servir asimismo como
escaparate para incrementar ese turismo náutico que necesita nuestra Ciudad.