La mayor proximidad entre público y artistas permitió un ambiente muy especial de calor, familiaridad y magia que se tradujo en un espectáculo de primerísima calidad y que dejó satisfechos a la organización y al millar largo de espectadores.
Los cantaores estuvieron formidables, cada uno en su estilo. y a la altura de una cita tan importante, la primera del calendario flamenco andaluzel y considerado el festival por antonomasia que se celebra en verano en la provincia. Todos dieron lo mejor de sí mismos ante un público entregado, que fue llenando el recinto gradualmente, hasta abarrotarlo al filo de la medianoche.
Las mejores condiciones de visibilidad y sonido y la comodidad del Auditorio también repercutieron en el éxito del festival, si bien como anécdota hay que destacar que hasta tres veces se quedó el escenario a oscuras por un fallo eléctrico, aunque no afectó a ninguna de las artistas, que se sobrepusieron como si nada.
Manuela Cordero, Marina Heredia y Antoñita Contreras otorgaron protagonismo a la vertiente femenina del festival, al copar, consecutivamente, las primeras actuaciones del espectáculo.
La joven roteña, ganadora del Concurso Mirando a la Torre del pasado mes de mayo, y debutante en estas lides, tuvo la responsabilidad de abrir la velada y de estrenar el nuevo escenario.
A pesar de la frialdad inicial del ambiente, de la progresiva entrada de público, y de sufrir el primero de los apagones de luz, Cordero desgranó su buen hacer a través de unos tientos-tangos, alegrías, soleá, fiesta y fandangos que fueron del agrado del respetable. Su espontaneidad y frescura, unida a su compenetración con el sólido guitarra malagueño Antonio Soto, todo un clásico por estos pagos, lograron conectar con la concurrencia.
Posteriormente intervino la granadina Marina Heredia, acompañada por Luis Mariano al toque y Anabel y Reyes a las palmas. Heredia mejoró si cabe su actuación de 2008 y, al hacerlo en segundo lugar, se quitó la espinita de la falta de público cuando intervino el año pasado a altas horas de la madrugada.
Lo hizo igual de bien, pero mejor arropada. Una soleá, una malagueña con remeta de fandango del Albaicín, de donde procede, así como una seguiriya y una bulería, que terminó bailando descalza, le dieron la confirmación a la cantaora, que maneja una excelente técnica vocal. La joven ya ha dejado de ser promesa, a nivel de festivales de importancia, tras haber tomado la alternativa en Alhaurín.
Antoñita Contreras, artista redonda en el aspecto flamenco -como la definió el célebre presentador del festival, el periodista y flamencólogo Gonzalo Rojo-, volvió a la Torre del Cante y exhibió su elevado conocimiento de todos los palos. Con el elegante toque de Chaparro de Málaga, sorprendió a todos con una malagueña originaria de Álora, su pueblo, y que hizo popular ‘El Canario’, para terminarla en forma de jabera y rondeña, el cante abandolao más antiguo que se conoce.
También derrochó talento con sus tangos y, especialmente, con una guajira, un palo poco habitual en festivales, y bordó los fandangos. Antonia, al terminar su actuación, partió al aeropuerto, pues ayer domingo actuaba en Lyon (Francia), donde es muy apreciada.
Antes del descanso hizo su aparición el veterano baliaor José Losada, ‘El Carrete de Málaga’, que dejó su impronta y su particular genio en el escenario, a pesar de ser casi septuagenario, aunque es imposible arrancarle de su boca la edad real. Una actuación de más de media hora que encandiló al público por su simpatía y duende y la de su grupo, compuesto pro Juan José Amador y Raúl de Málaga (cante y palmas), las guitarras de Luis Santiago y Joaquín Losada ‘Carretillo’ y las palmas y compás de Yaya.
El malagueño, elegante en el vestir, la lió en las tablas con las bulerías tanguillos y otros cantes de fiesta, demostrando una envdiable forma física para el zapateao y el baile, todo un derroche de pundonor y entrega que, como él mismo dice, termina por “reventar” al guitarrista. Su entusiasmo deleitó al público, que lo despidió con una atronadora ovación. Se nota su escuela inicial de los antiguos tablaos de calle Alcazabilla, donde debutó con seis añitos.
Y para la segunda parte del festival esperaban las estrellas de la noche. El purista, serio y clásico Calixto Sánchez, no defraudó a sus incondicionales y desplegó sis aspavientos toda su veteranía y calidad, con los toques de otro mito: Manolo Franco.
Su voz inconfundible, su clase estuvieron presentes en su repertorio, melancólico al principio -con una seguiriya impresionante- y de fiesta al final, con unos fandangos que agradaron mucho a la concurrencia. Como anécdota, hay que destacar que Sánchez ya había pisado las tablas de El Portón en septiembre de 2005, cuando presentó en la I Bienal ‘Málaga en Flamenco’ su espectáculo ‘A mi tierra’.
Luego paso el torbellino, ese incombustible fenómeno llamado Aurora Vargas.
Excelente artista de los ritmos de compás, simpática hasta la médula, siguió con esa espontaneidad que la hace irreemplazable en nuestra Torre del Cante. Conectó como nadie con el público, al que se arrimó en su segundo cante, para cantar y bailar soleares, bulerías -dedicada a su sobrina Macarena y a su marido- y otros cantes de fiesta, el último de ellos, ‘a cappella’.
Por último, cerró la intensa velada la clase y categoría del gitano catalán Duquende, discípulo de Camarón de la Isla, que llenó de olés y palmas la grada, deseosa de más espectáculo a pesar de lo avanzada de la madrugada.
Todo un éxito de organización, público y crítica, por tanto, y que llenó de satisfacción a la Peña Flamenca Torre del Cante, alma máter del evento.
El festival es patrocinado por el Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, la Diputación de Málaga y la Fundación Social Medioambiental de las Canteras, cuyos máximos responsables se encontraban en la grada y también disfrutaron de lo lindo.