En mayo visitamos Cártama,
uno de los municipios con más riqueza patrimonial de la Comarca del Guadalhorce.

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Archivo Fotográfico Fotógrafo: Richard O'Neill

UN PASEO POR... CARTAMA

Situado en el Valle del Guadalhorce, y más conocida como el Valle del Limón, a 21 kilómetros de la capital. Es uno de los municipios con más riqueza patrimonial de la Comarca del Guadalhorce. Consta de dos núcleos urbanos: Cártama Pueblo y Cártama Estación. Destaca por los yacimientos arqueológicos con su amplia cerámica, muros, monedas del Bajo Imperio y columnas romanas del siglo Romanico.

Hace dos mil años, el principal camino para acceder desde la provincia de Málaga al interior de la Meseta era un poblado que, a pesar de carecer de denominación concreta, algunos la llamaban Cartha; más tarde fue conocida por el nombre romano de Cártima, y finalmente, durante la época medieval, adoptó la forma actual, Cártama, de origen musulmán.
También dejaron su huella los romanos, por más que no existan datos que corroboren el paso de sus soldados por estas tierras, ya que se conservan importantes restos de estos conquistadores, como el arco romano que se encuentra en la zona conocida por el Santo Cristo.

La importancia de este enclave se mantuvo durante un largo periodo, especialmen te durante la dominación islámica, ya que resultaba ser una gran fortaleza de paso hacia la capital, Málaga.

Debido a su situación en la zona media del valle fluvial, se constituyó en un constante cauce de relaciones comerciales y culturales hacia todas las direcciones, incluso como enlace con Ronda y Antequera. Su término municipal, que forma parte de la conocida hoya de Málaga, cuenta con tierras muy fértiles y abundante en aguas de regadío, ya que se sitúa en la terraza fluvial inferior a los cien metros, que sólo superan algunas colinas de la zonas conocidas como Casapalma y los Pechos de Cártama.

Tal como se estableció en la época, de las partes más sensibles de Málaga la zona más frágil era el Guadalhorce, posible vía de penetración de los enemigos a través del curso del río y sus afluentes, por lo que levantaron y reconstruyeron numerosos castillos, formando casi círculos en torno al punto final: Cártama, cuya misión era vigilar el curso final del rio y su fértil vega.

Desde su parte más alta se divisan el este y el oeste, que coincide con el curso del río Guadalhorce. Hoy día, los habitantes y, cómo no, sus numerosos visitantes, pueden disfrutar de una panorámica completa de todo el entorno, principalmente de la vega, aunque, según comentan algunos vecinos, desde hace algún tiempo se ha perdido el interés por este enclave. Aún se conservan restos del pasado glorioso de la fortaleza, poblada por 204 habitantes que en muchas ocasiones carecían de abastecimiento de la guarnición durante algunas jornadas.

MOSAICOS. Cártama ha sido objeto de numerosos hallazgos históricos y culturales, como los mosaicos. El primero de ellos evoca la figura mítica de Hércules, que podría datar del siglo III, encontrado en los primeros meses de 1858 en una casa de la calle Concepción, esquina a la del Padre Navedo; y que pertenecía al marqués de Casa Loring. Un autor resume así su significado: «El de Cártama es el mejor de los pocos que se han encontrado en España y puede sostener la comparación con los más apreciados de fuera de la Península».

El segundo de ellos, de carácter mediterráneo y que contaba con la figura de Afrodita navegando en una con cha y protegida por un velo, fue descu bierto en enero de 1956, casi por casualidad, mientras se realizaban unos trabajos de construcción en la casa número 94 de la que se llamaba calle de Abajo, hoy conocida como González Marín. Ambos objetos, de gran valor histórico y documental, se encuentran en diferentes museos nacionales y constituyen uno de los mayores orgullos de sus vecinos... a pesar de no tenerlos cerca.

Sin desviar la vista de la colina, donde se halla la fortaleza, se observa un serpenteante y empinado camino que atraviesa la línea inferior de la muralla. El acceso conduce a una pequeña capilla en la que destacan un atrio, una torrecilla y el camarín, que se adosa al cuerpo de la nave y que se convierte en el rasgo más destacado de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, uno de los puntos de referencia para los peregrinos de toda la provincia y seña de identidad de todo un pueblo. Hoy, además, en el templo destaca una espadaña campanario de una sola pared en la que hay unos huecos para colocar la campana, que pudo ser construida en el siglo XIX ya que resulta desmesurada en relación a las proporciones de la ermita de la que hasta el momento no se ha confirmado la fecha de su construcción.

Cada 22 de abril la Virgen del lugar es trasladada a la parroquia de San Pedro Apóstol, donde permanece hasta el primer domingo de junio y recibe más asiduamente el homenaje de los vecinos. Hasta que llega el día grande, 23 de abril, cuando se procesiona la imagen mientras participa el pueblo entero en una ceremonia en la que entre oracio- nes, cánticos, gritos de entusiasmo, velas y cohetes, junto a una lluvia de pétalos, el espacio humano se transforma en un gran escenario religioso cargado de emociones.

CASCO ANTIGUO. El trazado del casco antiguo de Cártama continúa por el Pilar Alto, una de las zonas más antiguas de la localidad, donde se encuentra un manantial natural en el que las mozas acudían a lavar las ropas y donde cada día se relacionaban mujeres y hombres, y que ahora se ha convertido en una fuente de agua potable para que residentes y viajeros sacien su sed tras visitar a la Patrona de la localidad.

Fue en este mismo enclave conocido antiguamente como la plaza de Arriba, a través de unas excavaciones en 1751, concretamente en la parroquia colindante, donde se encontró una columna, que al parecer formaba parte del templo hallado años antes en el terreno del Pilar Alto, junto a una cruz de piedra que fue denominada por el entonces párroco como Cruz de Humilladero. Con el tiempo, ambos elementos se instalaron en la entrada de la villa en el camino de Málaga, que fue descrita por el historiador Rodrigo Amador de los Ríos como «hermosa columna romana,de almendrado y grueso fuste de dos piezas, y bello capitel corintio», en la cual se colocó una cruz de hierro a principios de este siglo, que inicialmente se pudo contemplar en la plaza del Ayuntamiento, donde algunos habitantes consideran que «debe ser su sitio».

Y como ocurre en los típicos pueblos andaluces, la iglesia parroquial, en esta ocasión en honor a San Pedro Apóstol, se encuentra ubicada en plena plaza de la Constitución. Según cuenta María Dolores Aguilar, este templo fue inst tuido en mayo de 1505 por el arzobispo de Sevilla, don Diego de Deza, en Segovia, y fue construido en un solar de 160 fanegas. Se trata de una iglesia con tres naves, separadas por pilares que sustentan arcos de medio punto, cubiertos con armadura de madera y a cuyos pies se encuentra el coro, que conserva su solería original. En la nave izquierda se encuentra el Nazareno de vestir, cuya imagen, que data del siglo XVII, es la única que no tuvo que ser sustituida tras los destrozos de la guerra civil, mientras que en la nave lateral se halla un camarín rectangular que acoge a la Virgen de la Inmaculada.

Sin salir del pueblo, dos calles más abajo se encuentra el teatro González Marín, en honor al que fuera personaje más emblemático y reconocido en la localidad. Nacido en Cártama el 28 de abril de 1889, fue uno de los recitadores de versos más conocidos de su tiempo. En mayo de 1905 llevó a cabo su primera actuación artística en el teatro Cervantes, donde encarnó el papel de Rodamantos en la obra cervantina «El Quijote». Actuó en la compañía de doña Maria Guerrero por el año 1914. Por motivos de salud, y tras triunfar en Madrid, se instaló en su tierra natal, donde en 1935 fue nombrado hijo predilecto. El 31 de mayo de 1956 falleció en su casa, donde vivía retirado desde 1950, «con gran sentimiento popular en numerosos lugares, desde donde se envían testimonios de sincera condolencia a sus familiares», según narra Francisco del Pino.

Cártama agrupa en la actualidad ocho núcleos -Cártama Pueblo, Doña Ana, La Ampliación, El Sexmo, La Estación, La Aljaima, Loma de Cuenca y Gibralgalia-, todos ellos nacidos a orillas del río y que a pesar de las distancias que los separan y de sumar casi 13.000 habitantes siguen manteniendo el espíritu hospitalario de sus antepasados.

 
 

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