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La polémica está servida. Al igual que ocurrió con El código Da Vinci, Camino ya ha provocado un cierto terremoto entre los miembros y seguidores del Opus Dei. No hay más que pasearse por foros de internet para encontrar frases como estas: “Fesser dice que no le gusta la gente que impone sus ideas, cuando él ridiculiza con intolerancia en esta película a los que no piensan como él”. El director se defiende y se ha hartado de asegurar que todo lo que sale del Opus Dei en el film es absolutamente real. «Pero no sólo lo relacionado con los miembros de esta organización, también la pastelería Viena Capellanes, o la tienda de Hermosilla, esquina a Goya, de Madrid, que aparece en el filme. Todo hecho de manera objetiva y totalmente respetuosa». La película está inspirada en la vida de Alexia González-Barros, una niña que murió a los 14 años tras diez meses de larga enfermedad y cuyo proceso de beatificación está abierto desde hace varios años. Javier Fesser descubrió por casualidad hace doce años un libro, escrito por una monja, sobre la niña Alexia. «Me provocó una curiosidad tal que supe entonces que ahí había una película. Soy una persona con una curiosidad enorme y esta historia me incitó a conocer y tratar de comprender a las personas que no piensan como yo». Y es que el director está muy lejos de querer entrar en polémicas. Su objetivo con esta película es «intentar comprender una manera tan radicalmente distinta de la mía de entender y buscar la felicidad». Y es que Camino es fundamentalmente la historia de una niña (Nerea Camacho) enferma de cáncer, que acepta con resignación su propia muerte, y cómo su madre (Carmen Elías), militante del Opus Dei, trata de hacerle ver que su enfermedad es una bendición de Dios.
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